LA LONDON PHILARMONIC ORCHESTRA Y SOLISTAS, BRILLANTES RECORDANDO A PAU CASALS CON SUS OBRAS, BRAHMS Y SIBELIUS, EN EL AUDITORIO NACIONAL
London Philarmonic Orchestra. Obras de Casals, Brahms y Sibelius. Auditorio Nacional, Madrid, 28 de octubre de 2026
Programa
Pau Casals (1876-1973)
Preludio de El pessebre
Johannes Brahms (1833-1897)
Concierto para violín y violonchelo en la menor, op. 102 (Doble concierto)
Allegro
Andante3
Vicace ma non troppo
Segunda Parte
Jean Sibelius (1865-1957)
Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, op. 82
Tempo molto moderato. Allegro moderato- Presto
Andante mosso, quasi allegretto
Allegro molto, misterioso
Director, Edward Gardner
Violín, Julia Fischer
Violonchelo, Daniel Müller-Schott
“Tanto en el arte como en la vida, todos los hombres, sean de donde sean, comprenderán el lenguaje que sale del corazón” (Pau Casals, durante la presentación del oratorio El pessebre).

Tal como han señalado los responsables de la Fundación Pau Casals, Ibermúsica y glosó Futura Comunicación, inspiradores de esta ceremonia, al comienzo del acto de recuerdo se pidió un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente de tren a primera hora de la mañana en Toledo y se escucharon las condolencias de la organización, que precedieron el sentido concierto de homenaje al músico, compositor y dirección de orquesta, Pau Casals, para conmemorar los 150 años de su nacimiento. Así, también el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música del Ministerio de Cultura quiso trasladar sus condolencias a las familias y seres queridos de las víctimas del accidente ferroviario sucedido en Urda.

La London Philarmonic Orchestra (LPO) reconocidaformación británica, bajo la batuta de Edward Gardner, junto a los solistas Julia Fischer y Daniel Müller-Schott, fue la encargada de dirigir una velada que comenzó y concluyó, además, como un respetuoso homenaje a los fallecidos y heridos y a sus familias, del accidente ferroviario ocurrido por la mañana de la función, en la ruta Madrid-Andalucía. Un día de luto para toda España.
El concierto, una de las grandes convocatorias de la conmemoración Internacional Casals 150: Música para la Paz, sobre la que el propio violonchelista escribió: “Mi contribución a la paz, podrá ser pequeña, pero al menos lo daré todo por un ideal que para mí es sagrado”. En efecto, la relación del maestro con la LPO fue muy especial: el 29 de septiembre de 1963 dirigió en a esta formación y su coro, en El Pessebre, convirtiendo aquella interpretación en un canto de esperanza que hoy se recuerda con admiración y agradecimiento.
El preludio del Pessebre, tiene perfume pastoril, folklórico y amable, casi feliz y jocoso, por momentos, de reflexión pausada, otros, en una pieza restringida en el tiempo de ejecución que condensa una geografía de sentimientos y antropología. Unida a la historia del propio Casals, con su habitual fidelidad a Bach y concebido desde el dolor del exilio y como un clamor universal de paz, estebrevepreludioentrelaza de esta forma, tintes folclóricos catalanes con una escritura contrapuntística que toma su inspiración directa del músico alemán.

La interpretación de este fragmento introductorio por parte de la London Philarmonic y su director, Edward Gardner fue majestuoso, ajustado, sin desbordamientos, con una meticulosidad casi germánica. Bien pautada, perfectamente interpretada y ejecutada también, por un grupo de músicos que sin embargo no recordaba en número, la afluencia sonora de las macroformaciones musicales.
En otro estilo, otorgando gran preponderancia a los dos solistas presentes de la cuerda, el Doble concierto para violín y violonchelo de Brahms nos retrotrae al estío en el lago suizo de Thun. Dedicada al violinista Joseph Joachim, esta partitura nació con la intención explícita de recuperar una amistad rota, tal como se explica con claridad en las notas al concierto perfectamente inspiradas del cronista. Se trata de un diálogo intenso y de una comunicación febril entre los dos solistas, que simboliza musicalmente esa búsqueda de equilibrio, olvido de las afrentas y finalmente, reconciliación, que baña toda esta creación brahmsiana.

La violinista, Julia Fischer (Múnich, 15 de junio de 1983) es además una importante pianista alemana. Comienza el estudio del violín a la edad de cuatro años con el Método Suzuki. Es admitida en el Conservatorio Leopold Mozart de Augsburgo teniendo como profesora a Lydia Dubrowskaya; a la edad de nueve años continúa luego en la Academia de Música de Múnich con Ana Chumachenco. Ha recibido numerosos premios, realizado grabaciones y actuado con formaciones y directores de orquesta de mucho prestigio. Sólo un ejemplo: para el Teatro de La Scala de Milán en 2003, el Concierto para violín n.º 3 (Mozart) en el Teatro degli Arcimboldi y en 2005 el Concierto para violín n.º 2 de Prokófiev dirigida por Lorin Maazel. En 2005 se realiza el Concierto para violín de Brahms con la Orquesta Sinfónica de Radio Berlín en el Teatro comunale Luciano Pavarotti de Módena.
Fisher tiene una sensibilidad a flor de piel. Vestida en tonos burdeos con falda estampada, su capacidad para comunicarse con el concertino, el director, su compañero en el violonchelo y el público de la sala, es prodigiosa. Femenina y refinada, girándose continuamente en los momentos en que no blandía el violín como un arma de poderosa cadencia, deleitó con su gran fuerza técnica e interpretativa.
Ha disfrutado y sigue haciéndolo en los instrumentos de los mejores luthiers: Guarnieri, Stradivarius, Guadagnini de 1742 o uno muy actual de 2018, de Philipp Augustin. Forma una pareja musical excelente y compenetrada hasta el final con el chelista Daniel Müller-Chott, un artista a quien el New York Times define como alguien de una “expresividad intensa” y un “intérprete audaz con una técnica excepcional”. Abrazos, ramos de flores y reiterados saludos a la audiencia que les dedicó muchísimos aplausos, sellaron esa fantástica compenetración.

Muy aplaudidos luego del concierto de Brahms, brindaron como encore “El canto de los pájaros” del maestro Casals, que vino si cabe, a inundar de una mayor profundidad y recogimiento a los propios músicos, recatados y emocionados pero sin embargo y a la vez vibrantes, en esta casi oración contemplativa y serena.
Para terminar, la Sinfonía n.º 5 en mi bemol mayor, Op. 82 fue compuesta por Jean Sibelius entre 1915 y 1919. Se dice que durante la Primera Guerra Mundial los contactos de Sibelius con el mundo exterior eran escasos por la guerra y las presiones financieras le obligaron a producir un gran número de pequeñas piezas para editores finlandeses. Al mismo tiempo, planeaba un nuevo tipo de sinfonía. En el verano de 1914, justo después del estallido de la Primera Guerra Mundial, escribió que había tenido una idea para «un tema encantador». En otoño de 1914 escribió una profecía a su amigo Axel Carpelan: «Otra profundidad de miseria. Pero ya puedo vislumbrar la montaña a la que ascenderé (…) Dios está abriendo sus puertas por un momento, y su orquesta está tocando la quinta sinfonía.»
El compositor recibió por parte del gobierno finlandés el encargo de escribir una sinfonía para celebrar su quincuagésimo cumpleaños, que fue declarado día de fiesta nacional en Finlandia. La tercera y última versión de esta partitura fue estrenada el 24 de noviembre de 1919 por el propio compositor junto con la Filarmónica de Helsinki. Es la más conocida e interpretada en la actualidad.
Contrariamente a la tradición, la sinfonía consta de tres movimientos: el primero Tempo molto moderato, está escrito en la tonalidad de mi bemol mayor, en compás de 12/8 y sigue la forma sonata. Aquí el compositor no se limitó a replantear sus materiales básicos. Sibelius tenía la intención de dividir el primer movimiento en dos partes separadas, pero logró unirlas. Así, el movimiento se inicia con una llamada de las trompas que contiene gran parte del material musical de la obra.

El segundo movimiento, Andante mosso, quasi allegretto, está en sol mayor y en compás de 3/2. Estructuralmente es tan simple como complejo es el movimiento inicial, pero en absoluto simplista. El tercer y último movimiento, Allegro molto, retoma la tonalidad inicial y el compás es 2/4. Arranca con una melodía rápida interpretada por las cuerdas en tremolando, una especie de zumbido. Este motivo balanceante en las trompas se dice que fue inspirado por el canto de los cisnes. Como escribe un especialista, “Sibelius asigna a las flautas y cuerdas una de sus más famosas melodías. El ímpetu se mantiene mientras los dos temas siguen un curso complejo a través de varias tonalidades y disonancias masivas… hasta que Sibelius decreta el silencio, seguido de seis acordes que llevan su odisea a un puerto seguro y feliz”.
Según Roger Dettmer, es un triunfo del ingenio estructural y una validación de la música no programática cuando los lisztianos de todo orden -sobre todo Richard Strauss y Gustav Mahler- estaban deconstruyendo el arte «absoluto».

El concierto no podía terminar sin la última ofrenda fuera de programa de la LPO, con la Valse triste, de Sibelius, que cerró una velada extraña, enlutada, aunque magníficamente iluminada por los rayos de una música que la formación británica supo individualizar y destacar en planos elegantes, nada pretenciosos ni efectistas, pero clarísimos en su estructura expresiva y en una geografía sembrada de emociones.

Al comienzo de la velada Jordi Pardo, director general de la Fundación Pau Casals asimismo, había señalado que: «Este concierto es uno de los actos destacados de la conmemoración del 150.º aniversario del nacimiento de Pau Casals y nos brinda una oportunidad para reivindicar su extraordinario legado musical y humanístico. Madrid fue una ciudad importante en su formación y trayectoria, y es especialmente emotivo volver a ella a través de su música. Un legado que nos recuerda el compromiso de Casals con la paz, la libertad, la democracia y los derechos humanos».
Esas ideas y esa transmisión son justamente las que se han desgranado y se percibieron durante toda la conmemoración. Toda una arquitectura de convicciones y afectos, de gracia. Gracias a todos por este recordatorio, en estos tiempos de inmisericordes, un verdadero “must”0..
Alicia Perris
Fotos: © Rafa Martín | Ibermúsica