La rosa del azafrán

LA ROSA DEL AZAFRÁN, UNA VERSIÓN REDONDA EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

 La rosa del azafrán. Zarzuela en dos actos. Música de JACINTO GUERRERO. Libreto de FEDERICO ROMERO Y GUILLERMO FERNÁNDEZ-SHAW. TEATRO DE LA ZARZUELA. JUEVES 1 DE FEBRERO, 2024

Nueva producción del Teatro de la Zarzuela

Ficha artística

Orquesta de la Comunidad de Madrid. Titular del Teatro de la Zarzuela. Director, José María Moreno

Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Director, Antonio Fauró

Realización de escenografía, Nicolás Boni

Realización de vestuario, Rosa García Andújar

Coreografía, Sara Cano

Iluminación, Albert Faura

Utilería, TecnoScena, SRL (Roma), D’Inzillo Sweet Mode, SRL (Roma),Hijos de Jesús Mateos, SL (Madrid)

Reparto

Yolanda Auyanet, Sagrario

Juan Jesús Rodríguez, Juan Pedro

Ángel Ruiz, Moniquito

Vicky Peña, Custodia

Mario Gas, Don Generoso

Carolina Moncada, Catalina

Juan Carlos Talavera, Carracuca

Pep Molina, Miguel

Emilio Gavira, Micael 

Chema León, Julián

Cantante de música popular, Elena Aranoa

Un pastor, Javier Alonso (del Coro Titular del teatro de La Zarzuela)

La rosa del azafrán es una zarzuela en dos actos, adaptación libre de la comedia de Félix Lope de Vega El perro del hortelano, con música de Jacinto Guerrero, y estrenada el 14 de marzo de 1930 en el Teatro Calderón de Madrid.​ Los libretistas fueron Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde, dúo que previamente había colaborado con Amadeo Vives. Estuvieron en el reparto del estreno, Felisa Herrero como Sagrario y Emilio Sagi Barba como Juan Pedro. La acción trascurre en La Mancha española.

El libreto, como en la mayoría de las zarzuelas, combina las partes cantadas con las habladas, aunque en esta versión se tiene la sensación de que la música lo invade todo, por encima de los textos. El asunto es clásico: el amor entre dos personajes de diferentes clases sociales. El nombre de la zarzuela se debe a la planta cara homónima, de laboriosa recolección, muy valorada en la gastronomía universal y además con propiedades medicinales.

Por cierto, se recuerda en el libreto a que el amor es tan frágil como esta flor peregrina otoñal, «que brota al salir el sol y muere al caer la tarde». Para colocar rápidamente al público en situación, llegan los compases alegres del baile de una Seguidilla en festejo por el Patrono del pueblo, y Catalina entonando “Aunque soy de La Mancha, no mancho a nadie”, convertido en un himno popular manchego.

Aparece Juan Pedro, un labrador contratado por la hacienda, con “Aunque soy forastero”, y luego con la célebre canción del sembrador: “Cuando siembro voy cantando”. A continuación, Juan Pedro con otros campesinos quieren dar serenata a sus amadas. Se canta Ronda: “Hoy es sábado y no quiero dormir en la quintería”. Moniquito, encabeza el Pasacalle: “Dos por dos son cuatro”.

Festivo, burbujeante el ambiente, a pesar del sudor y el esfuerzo del trabajo en aquellos tiempos en los que no había tractores, ni subvenciones, ni huelgas y reclamaciones para el campo y contra la política agraria europea: las labores en La Mancha y otras regiones agrícolas y ganaderas eran muy duras y se aprendía con el error y el tesón y con las manos, desgranando fatigadas los hilos anaranjados de la “rosa”, como llaman en los pueblos al azafrán.

La partitura alterna diversas escenas donde la labor deja tiempo para las joticas de la región, los avances amorosos y los enredos. Después, (en el campo) las espigadoras empiezan su canto coral “Acudid, muchachas” y Catalina entona “Esta mañana muy tempranito tras la faena por la cosecha”.

Después de muchas dudas y con la sabia intervención de la Celestina local, se acerca la celebración por las próximas bodas de Juan Pedro y Sagrario y la lucida Jota: “Bisturí, Bisturí se quería casar” y las intervenciones de Sagrario: “Manzanares, Manzanares ya no es tierra de manzanos” y de Juan Pedro: “Quisiera ser tu pañuelo”.

Todos los encuentros y desencuentros se resuelven muy bien, al final sin “deus ex machina” y con cierta honestidad en los tratos matrimoniales y sociofamiliares que aún imperan en ciertas zonas del campo español (el parentesco, los orígenes, las herencias, el interés crematístico por encima de todo).

Como se suponía, el cierre es con un final feliz para todos: los amantes juntos, Sagrario y Juan Pedro, Don Generoso (un doble del Quijote sabio y caballero, todo un hidalgo) se recupera de su locura, y el viudo Carracuca que buscaba nueva pareja se casa con Catalina, conforme a su vez ante la idea de que Juan Pedro no era para ella.

En cambio, Moniquito, ve deshechas sus esperanzas con Catalina y se queda solo, pero contento, porque es el entrañable personaje cómico de la obra, en parte bisagra junto con Custodia del encadenamiento de la trama. Los compases del «Bisturí, Bisturí» cierran la zarzuela en medio de la algarabía general y del público, que la velada de esta reseña, no dejaba de aplaudir en cada intervención destacada de los artistas (muchas).

21 años después de su última representación en el Teatro de la Zarzuela, y duración aproximada: 100 minutos (sin intervalo) ‘La rosa del azafrán’ vuelve a este escenario con un emocionante montaje de Ignacio García, muy pegado a las historias reconocibles y vividas en La Mancha durante veinte años por quien firma esta reseña y un equipo que declina un vestuario lucido (de García Andújar) y una coreografía imaginativa, nada discordante, pero muy dinámica, como toda la producción, de Sara Cano. La escenografía ágil y cambiante, sin interrupciones de las escenas, colorista, de Nicolás Boni y la acertada iluminación de Albert Faura.

A recordar la enérgica dirección musical de José María Moreno, por momentos atronadora, pero llevada a cabo con gusto y como se decía antes en las escuelas, “con conocimiento del medio”.

Por supuesto que se merecen una mención especial la participación de la respetadísima Vicky Peña -Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes-siempre solvente, siempre expresiva en su parquedad castellana, un lujo y el maestro de maestros Mario Gas, con un Don Generoso modélico e inmejorable. Igualmente, conmovedora, sobria y afinadísima a capella, la intervención de la cantante de música popular Elena Aranoa quien, va introduciendo los diferentes cuadros de la escena con la propia y genuina raíz musical de la tierra.

Juan Jesús Rodríguez, compone un Juan Pedro baritonal que está y es espléndido con un chorro de voz, amaderada, limpia, afinada, un timbre cálido y varonil que enamora. Acaba de recibir el premio de Opera XXI al mejor cantante español de la temporada pasada. Yolanda Auyanet tiene empaque, gesto y voz y consigue redondear su personaje con una voz más cómoda en el registro medio, amplio.

Una joya de interpretación, dominio de las tablas la Catalina de Carolina Moncada, con un instrumento fresco y adaptable a una partitura que, detrás de una aparente facilidad, tiene sus dificultadas para el rol. Y bonita, además, lucida.

El Moniquito de Ángel Ruiz es la figura del típico “gracioso” del Siglo de Oro de Calderón y Lope y tantos otros (presente ya en las producciones latinas de Plauto y Terencio), tierno, divertido, entrañable. Brilló en un papel que si no es el más importante es imprescindible que se dibuje con propiedad. Los artistas acompañantes, impecables, el Miguel de Pep Molina, el Micael de Emilio Gavira, Julián por Chema León, y el pastor de Javier Alonso. Sin olvidar, ya que hablamos de la influencia aquí del “Fénix de los Ingenios”, del “todos a una como en Fuenteovejuna” de los bailarines figurantes: David Acero, José Alarcón, Enrique Arias, Miguel Ballabriga, Yolanda Barrero, José Ángel Capel, Cristina Cazorla, Ángela Chavero, Carmen Fumero, Verónica Garzón, Daniel Morillo, Begoña Quiñones, Ana del Rey y Nuria Tena.

Se podría decir que el “tout Madrid” pasa en un momento u otro por el coliseo madrileño, el más antiguo de verdad, para disfrutar de esta maravilla. Se pudo ver en diferentes funciones a Daniel Bianco, el anterior responsable de la sala, Boris Izaguirre, Ágatha Ruiz de la Prada y muchos otros famosos de la capital y el día 1 de febrero al director artístico de un conocido teatro en busca de divertimento y probablemente hasta de ideas. En el Teatro de La Zarzuela hay mucho de eso y a precios asequibles siempre.

Llovió el talento y el sabio manejo que tienen en esta Casa que siempre se caracterizó por los planteamientos artísticos honestos y claros y la recuperación de un patrimonio musical, literario y antropológico de los que podría enorgullecer este país, sin complejos. Una Rosa perfumada, luminosa y solar. “De Lope”. Sic.

Alicia Perris

Fotos, todas menos la tercera, Javier del Real

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