MAGNÍFICA PRODUCCIÓN DE I LOMBARDI ALLA PRIMA CROCIATA DE VERDI EN LA ÓPERA ROYAL DE WALLONIE-LIÈGE. EN RETRANSMISIÓN DE MEZZO
I LOMBARDI ALLA PRIMA CROCIATA de Giuseppe Verdi (1813-1901). Drama lírico en 4 actos. Libretista, Temistocle Solera, basado en el poema homónimo publicado en 1826 por Tommaso Grossi. Director, Daniel Oren. Puesta en escena, Sarah Schinasi. Opéra Real de Wallonie, Liège. 25 de julio, 2024. Retransmisión de Mezzo. Grabación: 23 mai 2023 – Opéra Royal de Wallonie Liège. Realización, Stéphane Vérité.
Equipo artístico
Orquesta y Coros de l’Opéra Royal de Wallonie-Liège
Sarah Schinasi (Mise en scène)
Ramón Vargas (Tenor), Oronte
Salome Jicia (Soprano), Giselda
Goderdzi Janelidze, bajo. Pagano
Matteo Roma (Tenor), Arvino
Luca Dall’Amico (Bajo), Pirro
Aurore Daubrun (Mezzo-soprano), Viclinda
Caroline De Mahieu (Mezzo-soprano), Sofia
Roger Joakim (Bajo), Acciano
Xavier Petithan (Tenor), Un Prior
Equipo técnico
Orchestra, Coro e Tecnici Opéra Royal de Wallonie-Liège
Maestro del Coro, Denis Segond
Escenografía, Pier Paolo Bisleri
Vestuario, Françoise Raybaud
Iluminación, Bruno Ciulli
Video, Leandro Summo
I Lombardi, cuarta ópera del maestro de Busseto se estrenó en el Teatro alla Scala de Milán el 11 de febrero de 1843. Verdi dedicó la partitura a María Luisa, la duquesa habsburgo de Parma, quien había muerto unas pocas semanas después del estreno. Fue un gran éxito y su estilo épico sigue y tiene la voluntad de continuar con la línea ya emprendida de Nabucco.
En España se estrenó en 1845, en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona. El estreno en el Reino Unido tuvo lugar el 12 de mayo de 1846 en Her Majesty’s Theatre en Londres con Verdi presente. Esta «fue la primera de las óperas de Verdi que se escucharon en los Estados Unidos, en el Teatro de Ópera de Palmo», el 3 de marzo de 1847 en Nueva York.
En 1847, la ópera fue revisada significativamente para convertirse en la primera “grand opéra” de Verdi para representaciones en francés en la Salle Le Peletier de la Ópera de París bajo el título de Jérusalem.

En tiempos modernos ha recibido pocas representaciones – aparte de una temporada en la Royal Opera House, Covent Garden en los años setenta con José Carreras, Sylvia Sass y Yevgeny Nesterenko – pero se ha representado ocasionalmente en forma de concierto por la Orquesta de la Ópera de Nueva York que la ofreció en diciembre de 1972 con José Carreras, Renata Scotto y Paul Plishka en los principales papeles y la repusieron en enero de January 1986, de nuevo con Pliska así como Aprile Millo y Carlo Bergonzi.
Actualmente, aparte de esta nueva producción, se pudo ver hace pocos años en el Teatro del Maggio Fiorentino en la ciudad del Arno y en el Teatro Regio de Torino. Esta versión tuvo pocos ensayos y llegó poco después de un incendio y dificultades técnicas del propio Teatro de Wallonie-Liège

El director del Coro, Denis Segond hizo un gran trabajo en esta partitura, que rezuma de ellos. Son hermosos, potentes, y a la manera de los antiguos de las tragedias griegas, van delineando y subrayando la acción que se desarrolla sin prisa pero sin pausa a lo largo de los cuatro actos.
Historicista, heroica e imbuida de fuerza (un poco “alla Nabucco” tal vez, inevitable la comparación, pero a meditar), esta producción se ha concebido en un perfecto entendimiento que se palpa (siempre teniendo en cuenta las apreciaciones obviamente virtuales de los comentarios) entre la dirección musical a cargo del Maestro Daniel Oren y la regista, Sarah Schinasi, que priorizaron como una opción clara el desempeño y la atención del público sobre las voces.

La Orquesta compuso así también una velada consistente, resaltada por la labor en un pasaje exclusivo del primer violinista, Julien Eberhardt, que saludó con todo el elenco al término de la obra, con la única excepción en los aplausos en el escenario de, justamente Sarah Schinasi, con considerable peso en la producción, que inexplicablemente estuvo ausente de las recompensas a su trabajo por parte de la audiencia.
Así, la puesta resultó a primera vista inmovilista y estática, casi por momentos en versión concierto, pero salió beneficiada una música magníficamente controlada por un director sabio, potente, fogoso, que imprimió matices, sfumature, pianissimi, forte, delicadeza y fuerza a partes iguales, en los dúos de amor, en los solos y amplificando la grandilocuencia efusiva del coro.

Schinasi realiza un nuevo concepto en lo que aparentemente es ya tradicional en algunos creadores de escena no siempre conseguido, recreándose en los papeles femeninos, sobre todo en el de la protagonista, Giselda, la soprano Salomé Jicia alrededor de la cual giran de una u otra manera más o menos evidente estos cruzados que querían reconquistar Jerusalem.
Pero también partir a la aventura, viajar, dejar ciertos desiertos culturales europeos y conseguir riquezas. En aras de la Cristiandad, pero en el fondo con cierto vínculo (a veces amoroso también) con el Islam en tierras de Saladino. Jicia estuvo incisiva, caudalosa, con un excelente fiato y un vibrato expresivo y controlado. Muy conmovedor en el primer acto su “Salve Maria”. “Se vano il pregare” y la preciosa cabaletta que le sigue “No, no giusta causa”, en contra de la guerra.
La regista sugiere, no impone y sublima la trayectoria militar cruzada y el proyecto musical verdiano en sentimientos de todo tipo, con un Daniel Oren a toda máquina, pero que no compromete ni magnifica fuera de plano la sonoridad de una partitura majestuosa, en constante ascenso emocional con luminosos modos mayores, que va envolviendo a la audiencia en una batalla de sucesos y sorpresas (ya que el libreto, como suele, es por momentos bastante azaroso). El sonido por momentos es impactante y glorioso.

El bajo Goderdzi Janelidze con sus roles cambiantes, realizó una actuación segura, solvente, varonil, convenciendo a todos y a sus propios colegas de una firmeza que irradió en el resto del palcoscenico, igual que la del tenor mexicano, muy trabajado y elegante, comunicativo, con buena voz, Ramón Vargas, como Orontes, el habitual árabe enamorado de la doncella cristiana, historia repetida y conocida en el Medioevo, que cantó como un joven lleno de lirismo, fino, con fiable línea de canto, llevando el peso de un papel teatral que además lo sitúa a menudo en escena. Todos aseguraron un italiano comprensible en la dicción.
También muy adecuado el bajo Luca Dall´Amico como Pirro, otro “pentito” que luce un instrumento elegante y “last but not least”, como Arvino, caudillo de los Lombardos, los invasores del este en la primitiva Italia, Matteo Roma, que todavía no ha desarrollado con seguridad todas sus posibilidades.

En su papel, muy ajustados al proyecto total de la puesta y la dirección, los leales acompañantes vocales como Aurore Daubrun, defendiendo Viclina, Caroline de Mahieu en Sofia, madre de Oronte y Roger Joakim que declina a Acciano, padre de Arvino.

En lo que se refiere al resto del equipo artístico, opinable y muy sucinta aunque eficaz la escenografía y la labor de Pier Paolo Bisteri, simbólico de muchas cosas y emociones el mapa de Jerusalem al fondo del escenario. El vestuario de Françoise Raybaud parece diseñado y cosido los trajes con imaginación y dedicación, uno por uno en colores pastel, con calados, mangas, escotes y magníficas y tupidas cabelleras como complemento. Bruno Ciulli, responsable de la iluminación dio significado y significante “saussurianos” a personajes, situaciones y desenlaces.
El público aplaudió mucho en cada página de bravura destacable y en el saludo último, a todo el esfuerzo general, porque, al menos desde fuera y en una condición virtual, que no física, en sala, todo encajó, como unas cajitas chinas bien acopladas y muy bellas. Era un gran éxito anunciado, por el esfuerzo y el empeño grupal realizados. Complimenti davvero a tutti!
Alicia Perris