PHILIPPE JAROUSSKY. ENTREVISTA PARA EL MICROFONO DE ALICIA PERRIS.

Otoño 2018 en el Teatro Real de Madrid

Algunos- muchos comenzaron a conocer la geografía de los “castrati”, gracias a la película Farinelli, de Gérard Corbiau, el mismo director que había logrado una obra maestra con “El maestro de música”, representado y con la voz del barítono belga José van Damm.
La primera cinta relataba, a su manera un tanto peculiar, la atrabiliaria vida de Carlo Broschi y su hermano Riccardo, en una epopeya donde no faltaban los personajes reales de Porpora, Haendel o la corte de Felipe V, el primer Borbón español, donde “Farina” enjugó la melancolía del rey, durante 25 años.


Entonces se descubrieron las posibilidades y la seducción de la voz del contratenor, que con los años (el estreno del film fue en 1994) fue construyendo una constelación de música alrededor de este instrumento vocal tan raro y a la vez, también por ese motivo, tan exquisito.
Según el contratenor francés, “es en el barroco donde encontramos una conexión más fuerte con la ambigüedad y la posmodernidad de nuestra propia época”. Sobre el repertorio y el esfuerzo teñido de la sangre de los “castrati”, Jaroussky ya dedicó su primer disco a Carestini. Pero también estuvieron Caffarelli y tantos otros que, con desigual trayectoria, pagaron un precio altísimo por alumbrar los comienzos del divismo y lo que llamaríamos hoy el “star system” en Europa.

El contratenor francés se mueve con soltura por un repertorio que va del latín al italiano, mientras, al final, en los bises, explica en un español rudimentario, pero enternecedor al público, cuáles van a ser sus partituras de regalo a los presentes en la sala.
Su fiato es prodigioso y recuerda, salvando las distancias, a ciertos fuegos de artificio propios de Cecilia Bartoli. Tiene además  una espléndida línea de canto. Sabe ser tierno, comunicador y tiene unos matices que encandilan. Y una musicalidad sorprendente y trabajada. Lo suyo es un don y también el esfuerzo, la estrategia y el estudio.
El cantante que tiene una frescura y una sencillez poco habituales en el universo de los divos de la ópera. Jaroussky guarda intacta cierta virginidad a pesar de su trayectoria y su experiencia vital y artística.

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