KENT NAGANO DIRIGIÓ CON BRILLANTEZ “LA CREACIÓN” DE HAYDN EN SU REGRESO A LA ORQUESTA Y CORO NACIONALES DE ESPAÑA (OCNE) Y OTROS SOLISTAS

OCNE. Sinfónico 18. Orquesta y Coro Nacionales de España. La Creación de Joseph Haydn. 28 de abril, 2024. Sala Sinfónica.

Kent Nagano, director

Marie-Sophie Pollack, Soprano

Christoph Prégardien, Tenor

Simon Bailey, Barítono

Fue sin lugar a duda, un privilegio de concierto, como los que viene ofreciendo desde hace muchas temporadas la OCNE, los fines de semana, en el Auditorio Nacional de Madrid.

Efectivamente, el maestro nacido en Berkeley en 1951, Kent Nagano dirigió a la Orquesta y Coro Nacionales de España en una de las obras más paradigmáticas del Clasicismo, La Creación de Franz Joseph Haydn. Considerado como una de las primeras figuras de la dirección orquestal internacional, así como del repertorio operístico, visitó por última vez la OCNE en los años 2018 y 2021.

Los conciertos contaron además con la participación de los solistas invitados Marie-Sophie Pollak (soprano), Christoph Prégardien (tenor) y Simon Bailey (bajo-barítono), a los que se unió en el cuarteto final la contralto del Coro Marta Caamaño, en una adecuada actuación.

La institución madrileña aprovechó la ocasión- noblesse oblige- para hacer mención destacada del arquitecto José María García de Paredes (1924-1990), el responsable técnico que dio a luz el edificio y dependencias del Auditorio Nacional, también el de Murcia y el Palau de la Música en Valencia y el de Granada.  En ese sentido, se incluyeron unas palabras de Rubén Amón en las notas al programa.

Se cuenta que en 1791 –el año de la muerte de Mozart– la vida musical vienesa languidecía exhausta tras la guerra austro-turca iniciada en 1788 y resentida por las restricciones a los espectáculos impuestas en duelo por la muerte del emperador José II. Pero también fue el año en que Haydn realizó su primer viaje a Londres y en el que descubrió los oratorios händelianos.

Esta música lo impresionó de manera tan intensa que afortunadamente renovó sus ganas de componer y a su regreso a Viena escribió La creación, oratorio basado en la tradición bíblica condensada en el Génesis que transmite, gracias a una partitura diáfana y llena de sorprendentes efectos, el juvenil ímpetu con el que Haydn acometió el tramo final de su carrera artística.

Según anota en una actuación de La Filarmónica de Los Ángeles, John Mangum doctorado en historia de la UCLA y crítico aquí, “Haydn era un hombre profundamente religioso, y Die Schöpfung (La Creación) es su declaración personal de fe. Fue un católico de toda la vida, habiendo recibido su temprana educación musical como corista en San Esteban, la principal catedral de Viena”.

Relata su biógrafo Georg August Greisinger, que entrevistó a Haydn en varias ocasiones, que «En general, su devoción era más bien alegre y reconciliada” y esta partitura es fehaciente prueba de ello.

Se trata también de un texto deleitante y pictórico, con sus mares «revolviéndose en olas espumosas», «en esplendor brillante», sus pájaros con sus «arrullos y la narración, bien resumida en el aria inicial del arcángel Uriel – «el desorden cede el paso al orden» – resonaba con sus convicciones religiosas con sabor a Ilustración y por supuesto, se percibe atravesando la obra, esa búsqueda formal y vital de la estética y la ética germánica para que la vida y las gentes estén “in ordnung”. Un clásico conocido.

La Creación se divide en tres partes. Los seis días de la creación subdividen las dos primeras, con los días uno a cuatro que comprenden la primera sección y los días cinco y seis contenidos en la segunda. Los acontecimientos de cada día se desarrollan en una combinación de recitativo (una forma de canto declamatorio, parecido a la voz, que es de ritmo libre) y aria (números musicales más largos y formales), y cada día termina con un coro. La tercera parte se centra en la alegría de Adán y Eva en el paraíso terrenal del jardín del Edén. Se ahorra al oyente los avatares negativos, el castigo de Dios, la expulsión del paraíso y se priorizan el brillo de la luz y el optimismo.

Al comienzo de la partitura, y para esa época, pocos compositores se aventuraron en un territorio armónico tan dislocado hasta alcanzar la producción de un Liszt o de Wagner después de la mitad del siglo XIX, haciendo que el caos de Haydn sea aún más inquietante para la audiencia acostumbrada a la disciplina clásica y al encanto melódico de sus otras obras.

En efecto, después de un breve recitado que establece la escena del primer día, Haydn convoca al coro para un golpe dramático muy potente: en el momento de la creación de la luz, la orquesta y las voces desatan todo su poder con un radiante acorde de Do mayor. Es la única instancia del oratorio en la que el compositor utiliza el coro antes del final de uno de los días, un toque que subraya la potencia cósmica del momento.

Le siguen según el especialista que relata la versión de la Filarmónica de Los Ángeles, “Lo que sigue es una invención musical del más alto nivel, con Haydn deleitándose con las imágenes de la naturaleza y la convicción religiosa del texto. El aria «Rollend in schäumenden Wellen» (Rodar en olas espumosas, Nº 6) se abre con una tumultuosa representación de mares tormentosos antes de pasar a un modo más pastoral, con primeros violines que fluyen suavemente y trompas solistas de larga respiración que capturan el arroyo «suavemente ronroneo». En el recitativo «Im vollem Glanze steiget jetzt die Sonne» (En el esplendor se eleva ahora el dom., Nº 12), Haydn nos ofrece uno de los grandes amaneceres musicales, con flautas y primeros violines moviéndose hacia arriba, nota por nota, y los otros instrumentos añadiendo cada vez más «esplendor» a la textura”.

Para las arias, Haydn se basa en las tradiciones de la ópera y la música folclórica del siglo XVIII para diferenciar a los arcángeles Gabriel, Rafael y Uriel, que cantan en la primera y segunda parte, de Adán y Eva, que aparecen en la tercera. Estas arias son de estilo elevado que se encuentra en la ópera de finales del siglo XVIII, mientras que los dúos de Adán y Eva tienen un carácter folclórico más pronunciado.

Para Joseph Haydn, La Creación fue un resumen de sus convicciones religiosas y de su vida como compositor. Cada una de sus partituras terminaba con la inscripción «Laus Deo» (Alabado sea Dios) o «Soli Deo gloria» (Sólo para la gloria de Dios), y nunca fue más apropiado que al final de La Creación.

En cuanto al director visitante, desde septiembre de 2015, Kent Nagano es director general de música de la Ópera Estatal de Hamburgo y director titular de la Orquesta Filarmónica Estatal de Hamburgo. En 2023 fue nombrado director honorario de la Filarmónica Estatal, en 2021 de la Orchestre Symphonique de Montreal, en 2019 de Concerto Köln y en 2006 de la Deutsches Symphonie-Orchester Berlin.

En la presente temporada, ha dirigido en Hamburgo con la Philharmonische Akademie en la Laeiszhalle, con la Filarmónica Estatal en el Rathausmarkt Open Air y en la Elbphilharmonie. Además de una serie de producciones operísticas en la Staatsoper, con un estreno de Boris Godunow de Mussorgski en una producción de Frank Castorf y un estreno de Salomé de Strauss con Lyodoh Kaneko Dmitri Tcherniakov. Proyectos especiales han sido las producciones de Das Rheingold de Wagner con Concerto Köln y la ópera de Bernstein A quiet place en la Ópera de Paris. Dirigirá también la Orquesta de la Ópera de Lyon y una nueva producción de Le Grand Macabre de Ligeti por Krzysztof Warlikowski en la Ópera Estatal de Baviera en Munich.

Brillante la prestación de la OCNE bajo la mano atenta, minimalista pero dotada de gran fuerza emocional la del maestro de origen oriental, que consigue una suma de planos sonoros, matices, en todas las secciones orquestales, el empaste de las voces del Coro, formidable despliegue de este homónimo fulgurante y espiritual. El coro reluce bajo la dirección de Miguel Ángel Cañamero y la orquesta va a buen ritmo con la presencia esta vez de la concertino Valerie Steenken.

No hay nada fuera de lugar y la masa sonora asciende hacia todos los pliegues y rincones del Auditorio como un verdadero milagro. Marie-Sophie Pollak, en Gabriel y Eva, ofreció un instrumento bien timbrado, límpido, fiato consistente, con facilidad para la coloratura, engastada como una piedra apropiada a las voces del tenor Christoph Prégardien Uriel), noble, bella voz, vestido de gala como el director y el bajo para el estreno y el sábado, más “de calle” el maestro Nagano y el bajo barítono el domingo en la matinal, como se estila.

Simon Bailey, el bajo barítono (Rafael, Adán), se acopló perfectamente, con soltura y ejecución holgadas, excelente línea de canto, al trío de cantantes y a las voces del coro.

Die Schöpfung de Haydn cerró así un fin de semana donde gran parte del centro de la capital, incluyendo su columna vertebral, La Castellana y más tarde, la frecuentada calle Serrano estuvieron bloqueadas y cortadas por deportistas domingueros más o menos improvisados que torturan al resto de los usuarios de Madrid, obligando a una mayoría a bailar al son de unos pocos corredores y/o ciclistas, acompañados por profusión de coches de las fuerzas de orden público. Sería interesante un ocio dominical pensado para todos los que pueden disfrutarlo, no para unos pocos homenajeados una y otra vez.

De todas formas, “se hizo la luz”, porque nuevamente, el talento de Haydn y de sus fieles “sacerdotes”, coro, orquesta, director y solistas, reprodujeron una vez más el “origen” del músico y la vuelta al orden, una especie de reparación, un “Tikum Olam” *, como manifestaría un creyente y practicante judío, entendido desde un sincretismo religioso, muy espiritual y universalista, aunque diverso.

El público se desbordó en aplausos. El maestro Nagano tuvo reconocimiento para todos y el final fue apoteósico. Un cierre merecido.

Alicia Perris

Fotos: Rafa Martín

*En términos generales, Tikún Olam puede ser entendida como una filosofía de vida de aquellos seres humanos que desean dejar una pequeña contribución al mundo: haciendo servicio social, mostrando interés por la humanidad y comportándose con bondad, empatía y solidaridad. Convirtiéndose así, en un ejemplo a seguir para muchos, y lograr cambiar la mentalidad de crueldad, egoísmo e indiferencia que muestran las sociedades. Falta nos hace en estos tiempos turbulentos aquí y en el planeta. El maestro Haydn, ferviente católico, sin saberlo probablemente, también lo entendió y lo escribió así.

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