LA ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA (ONE), DIRIGIDA EN EL SINFÓNICO 09 POR DAVID AFKHAM, MATINAL CON BEETHOVEN Y ALEXANDER VON ZEMLINSKY.

Auditorio Nacional de España, Sala Sinfónica. David Afkham, director, Mitsuko Uchida, piano. 3 de diciembre, 2023

Programa

Ludwig van Beethoven (1770-1827), Concierto para piano y orquesta núm.2 en Si bemol mayor, op. 19

Alexander von Zemlinsky (1871-1942). Sinfonía lírica, op. 18

I. Ich bin friedlos (Langsam. Grave) (Estoy intranquilo) (Lento. Grave)

II. Mutter, der junge Prinz (Lebhaft) (Madre, el joven príncipe) (Vivo)

III. Du bist die Abendwolke (Adagio) (Eres la nube vespertina)

IV. Sprich zu mir, Geliebter (Langsam) (Háblame, amado) (Lento)

V. Befrei mich von den Banden (Feurig und kraftvoll) (¡Libérame de las ataduras) (Con ímpetu y enérgico)

VI. Vollende denn das letzte Lied (Sehr mäßige. Andante) (Acaba la última canción) (Muy mesurado. Andante)

VII. Friede, mein Herz (Molto adagio [äußerst langsam und seelenvoll]) (Paz, corazón mío) (Molto adagio [muy lento y con sentimiento]

Christiane Karg, Soprano

Christopher Maltman, Barítono

Como suele, el director David Akham al frente de la Orquesta Nacional de España, ha vuelto esta vez a ofrecer un contundente repertorio alemán o del universo no latino europeo. Más contento y sonriente que habitualmente, parecía encantado de culminar el fin de semana con este nuevo ciclo sinfónico. La primera parte del concierto, estuvo dedicada a Beethoven.

Efectivamente, el concierto para piano n.º 2 en si bemol mayor, Op. 19 fue compuesto por entre 1787 y 1789, aunque no se publicó hasta 1801. La partitura está dedicada a Carl Nickl, Edler von Nickelsberg

Esta obra para piano, aunque figura como número dos, en realidad se empezó a componer alrededor de diez años antes que el Concierto para piano n.º 1 en do mayor Op. 15. Pero el maestro alemán dedicó tanto tiempo a reelaborar el Concierto en si bemol mayor que el Concierto en do mayor le precedió en la imprenta y por eso se le asignó el n.º 1.

La primera audición tuvo lugar el 29 de marzo de 1795 en el Hofburgtheater de Viena con el propio compositor como solista al piano haciendo su debut en público. La partitura está escrita para piano solista y una orquesta formada por una flauta, dos oboes, dos fagotes, dos trompas y sección de cuerdas y consta de tres movimientos: el primero, Allegro con brio, en si bemol mayor el segundo, un Adagio, en mi bemol mayor y finalmente el rondo, Molto allegro, en si bemol mayor.

Al igual que el Concierto para piano n.º 1, hay una impregnación evidente por parte de Beethoven de los estilos de Mozart y Haydn. La estructura es la típica de concierto clásico en tres movimientos de tempo rápido-lento-rápido. Por otra parte, los abruptos cambios armónicos así como la sensación de drama y contraste dejan ver la personalidad única de Beethoven. Y estas frases, poco confiadas, son las que dejó el propio compositor: «(…) Hoffmeister va a publicar uno de mis primeros concertos [Op. 19], que por supuesto no es una de mis mejores composiciones. Mollo también va a publicar un concerto [Op. 15] que fue escrito más tarde, es verdad, pero que tampoco es una de mis mejores composiciones de ese género.»

Mitsuko Uchida fue la concertista para lucirse con el piano, una artista veterana y muy reconocida internacionalmente, ovacionada antes y después de su intervención por parte de la audiencia presente en el Auditorio. (内田光子, Uchida Mitsuko) (Tokio, Japón, 20 de diciembre de 1948) es una pianista clásica, nacida en Atami, un pueblo costero cercano a Tokio, Japón. Pero se mudó a Viena, Austria, cuando tenía doce años con sus padres, que eran diplomáticos. Se matriculó en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena para estudiar con Wilhelm Kempff y Stefan Askenase. En 1969 ganó el primer premio del Concurso de Piano Beethoven de Vienna y en 1970 el segundo del Concurso de Piano Frédéric Chopin. Más tarde, en 1975, obtuvo también el segundo premio del Concurso de Piano de Leeds.

Es una intérprete que destaca en las obras de Mozart, Beethoven, Schubert, Chopin, Debussy y Schoenberg. Y talentosa además, en las obras de la Segunda Escuela de Viena. Ha actuado con la soprano Felicity Lott y la Orquesta de Cleveland en la temporada 2005 – 2006.

Es directora artística de la Escuela de Música y del Festival de Marlboro junto con el pianista Richard Goode. Pertenece a la Fundación Borletti-Buitoni, una organización que ayuda a los artistas jóvenes a desarrollar su carrera profesional y a fomentar su proyección internacional. Actualmente Uchida reside en Londres con su compañero Robert Cooper, quien ocupa el puesto de director general para Asuntos Exteriores de la Secretaría General de la Unión Europea.

Con toque leve, pero conservando cierta fuerza que, aunque al final, celebra siempre la pujanza de Beethoven, consiguió un sonido aquilatado, bien definido, aunque hubo algún pasaje menos diáfano. Se trata de una pianista sensible, atenta, que no funcionariza nunca su sonido ni su técnica. Y los años son aquí, un patrimonio bien gestionado. El todo en excelente armonía con la formación que Afkham dirigió con absoluta soltura y ligereza, como es su costumbre, pero con decisión y un profundo conocimiento de las partituras. Buen sonido global entonces, el corpus de esta obra, apreciada, disfrutada y conocida de todos. Pero no hubo propinas, luego de los reiterados saludos en la sala de Uchida, como flotando.

Alexander von Zemlinsky fue el compositor declinado en la segunda sección del programa. Nacido el14 de octubre de 1872 en la Viena del Imperio austrohúngaro, falleció el 16 de marzo de 1942, a los 69 años en Larchmont, Nueva York, EE. UU.

Su padre, Adolf, provenía de una familia católica, de raíces húngaras y su madre, era descendiente de una familia sefardí de ascendencia bosnia. La partícula “von” del apellido paterno se la añadió Adolf Zemlinsky para hacer sonar su apellido más aristocrático. Estudió piano y composición en el Conservatorio de Viena hasta 1889. En 1900 se enamoró (¡cómo no!) de Alma Schindler, sin embargo debido a la presión de la familia de Alma, el noviazgo se rompe. Dos años más tarde, la glamurosa intelectual se convertirá en la esposa de Gustav Mahler.

En 1900 fue nombrado director del Karlstheater de Viena, en 1906 director de orquesta de la Volksoper y en 1908 de la Hofoper. De 1927 a 1932 compartió la dirección de la Kroll Oper de Berlín junto a Otto Klemperer. En 1933, y dado el origen judío de su madre, los nazis clasificaron a Zemlinsky como “H” Halbjuden (medio judío) y su obra fue a engrosar la lista del entartete Kunst (Arte degenerado). Se ve obligado pues a emigrar a Viena donde manda construir una elegante mansión al arquitecto Walter Loos, en el exclusivo barrio de Grinzing. En 1938 finalmente se exilió a Estados Unidos, donde vivió sus últimos años, gravemente enfermo,

Fue maestro de Arnold Schönberg, que más tarde se convirtió en su cuñado al casarse en 1901 con Mathilde von Zemlinsky, y ejerció una cierta influencia sobre los músicos de la Segunda Escuela de Viena. También fue maestro de Erich Wolfgang Korngold a quien a los 12 años le dijo que ya no tenía nada que enseñarle.

Por lo tanto, Zemlinsky es un compositor cuyas obras, tras largos años silenciadas, olvidadas o ignoradas, están despertando en los últimos años el interés del público y se está revalorizando. Hoy en día ya no cabe duda de que fue un gran compositor y uno de los muchos autores de tránsito entre los últimos coletazos del romanticismo y la música que llamamos contemporánea. En su caso, hablamos de un eslabón que une, por un lado, el impresionante sinfonismo de Mahler y la grandiosidad de Richard Strauss con, asimismo, la Segunda Escuela de Viena. No escribió obras estrictamente dodecafónicas, aunque escuchando algunas de ellas podamos advertir una clara tendencia atonal que anuncia a Schönberg y a Berg. Siempre teniendo en cuenta la tonalidad tradicional heredada del romanticismo de Brahms y el cromatismo de Wagner. Por tanto, la música de Zemlinsky seduce por una intensidad expresiva que le convierte en un genuino expresionista y en un compositor de una marcada personalidad. Hasta aquí la sapiencia habitual de los medios disponibles digitales para  completar una información somera y necesaria.

La ONE presenta en esta ocasión su composición más conocida probablemente, la Sinfonía lírica o Lyrische Symphonie, compuesta en 1923, para orquesta, soprano y barítono en siete movimientos, basado en los poemas del bengalí Rabindranath Tagore cantados en alemán. Esta sinfonía lírica fue muy influenciada por la Suite lírica de Alban Berg, dedicada a Zemlinsky. Lyrische Symphonie in sieben Gesängen nach Gedichten von Rabindranath Tagore für Orchester, eine Sopran- und eine Baritonstimme (Sinfonía lírica en siete canciones basadas en poemas de Rabindranath Tagore, para orquesta, una soprano y un barítono). Comenzó a escribirse en abril de 1922. En una carta a sus editores del 19 de septiembre de 1922, Zemlinsky describió la obra en curso como: «…algo en la línea de Das Lied von der Erde [1909]». La orquestación se completó en los lagos alpinos de Altaussee en agosto de 1923.

Tenemos aquí una suite sinfónica y vocal en siete partes, para barítono y soprano alternativamente, cada una de las cuales comienza con un episodio orquestal que introduce una canción (lied). Cada lied está unido al anterior por un interludio orquestal. La partitura, postromántica, es también una obra del siglo xx. Expresionista, sigue siendo tonal, lo que permite compararla con otras músicas de Europa Central (Austria-Hungría), de épocas inmediatamente anteriores, como los ciclos de lieder de Gustav Mahler (en particular, Das Lied von der Erde (Canción de la Tierra), o, Noche transfigurada, poema sinfónico para conjunto instrumental de Arnold Schönberg e incluso El castillo de Barbazul, ópera de cámara para soprano y bajo de Béla Bartók (1911).

Excelente la actuación vocal de la soprano lírica alemana Kristiane Karg, bonita presencia escénica, muy fogueada como su compañero barítono, en muchos repertorios y roles, en las mejores salas líricas del mundo.

Su instrumento suena fresco, adecuándose muy bien a las exigencias de unos fragmentos que no son nada obvios, ni tampoco forman parte del conocido repertorio operístico o- casi religioso, espiritual, como aquí- internacional. Espiritual y contenida, llevó a cabo un meritorio trabajo, acompañado a la ONE y alternando con Cristopher Maltman, cantante inglés de extenso repertorio también. Estuvo elegante en el fraseo, bien el fiato y solvente en todo momento. Bien escogido dúo, ya que a pesar de que sus cometidos no fueron excesivamente largos, garantizaron un desarrollo y unos resultados musicales que deben valorarse como se merecen. Bien también esta vez otra concertino, Valerie Steenken.

Brillante, sinfónica, orquestalmente grandiosa por momentos esta mañana invernal en Madrid, con un publico que saludó, vitoreó y aplaudió en diferentes momentos la propuesta- siempre madura y exquisita- de la Orquesta Nacional de España y su director titular.

Alicia Perris

Fotos, OCNE

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