UNA CAVALLERIA MUY DIGNA EN EL “MILLENIUM FESTIVAL AO LARGO” 2024, EN LISBOA, PORTUGAL
Cavalleria rusticana. Música de Pietro Mascagni. Libreto, Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci. Orquesta Sinfónica Portuguesa y Coro del Teatro Nacional de São Carlos en el “Millennium Festival ao Largo” 2024. Versión concierto. Entrada libre. 27 de julio 2024.

Reparto
Antonio Pirolli, Dirección musical
Cátia Moreso, Santuzza, soprano dramática
Carlos Cardoso, Turiddu, tenor dramático
Àngel Òdena, Alfio, barítono
Vesselina Kasarova, Mamma Lucia, contralto
Ana Sofia Ventura, Lola, mezzosoprano
Ana Cristina Carqueijeiro, una Voz
Henrique Pimentel, Movimientos escénicos
Orquestra Sinfónica Portuguesa
Coro do Teatro Nacional de São Carlos
Giampaolo Vessela, maestro titular
Regresan las noches de verano, en el Largo de São Carlos. Se trata de la 16ª edición del Millennium Festival en el Largo del 11 de julio al 1 de agosto, con programaçión del Teatro Nacional de São Carlos e invitados, la Companhia Nacional de Bailado y los Estúdios Victor Córdon.
Cavalleria rusticana (título original en italiano en español, Nobleza rústica o Caballerosidad rústica) es un melodrama en un acto basado en un relato del novelista Giovanni Verga. Considerada una de las clásicas óperas del verismo, se estrenó el 17 de mayo de 1890 en el Teatro Costanzi de Roma.
Sigue siendo una de las óperas más populares. Por su corta duración (1 hora 15 minutos), desde 1893 se ha representado a menudo en un programa doble de dos horas y media llamado con Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. Hay piezas que se suelen interpretar por separado en conciertos, como los coros o el intermedio orquestal. La popularidad de esta obra, de gran emotividad, se vio enormemente reforzada por la inclusión de parte de una representación de la misma en la película El padrino III, asimismo la obra representa el tema principal de la película de Martin Scorsese Toro Salvaje.
En efecto, por las venas de esta composición corre sangre siciliana y en general del mezzogiorno italiano. El sur tempestuoso, brutal en ocasiones, con pasiones desenfrenadas. Puro “ello” diría Sigmund Freud.
En julio de 1888 el editor milanés de música Edoardo Sonzogno anunció una competición abierta a todos los jóvenes compositores italianos que aún no hubieran visto una ópera suya representada en el escenario.
El compositor Mascagni oyó hablar del concurso solo dos meses antes de la fecha final y pidió a su amigo Giovanni Targioni-Tozzetti, un poeta y profesor de literatura en la Real Academia naval italiana en Livorno, que le proporcionara un libreto. Le fue llegando a Mascagni a trozos, a veces solo unos pocos versos esa vez en la parte de atrás de una postal. La ópera fue finalmente presentada el último día del plazo. En total, se presentaron 73 óperas, y el 5 de marzo de 1890, los jueces seleccionaron las tres obras finales: Labilia de Niccola Spinelli, Rudello de Vincenzo Ferroni y Cavalleria rusticana.
Aunque Mascagni había empezado a escribir otras dos óperas antes (Pinotta, estrenada en 1932 y Guglielmo Ratcliff, estrenada en 1895), Cavalleria rusticana fue su primera obra terminada y representada. Sigue siendo la más conocida de sus quince óperas y operetas (Sì). Aparte de Cavalleria rusticana, solo Iris y L’amico Fritz han permanecido en el repertorio estándar, con Isabeau y Il piccolo Marat en los límites exteriores del repertorio italiano. Su éxito ha sido un fenómeno desde su primera representación en el Teatro Costanzi en Roma el 17 de mayo de 1890 hasta la actualidad. Cuando Mascagni murió en 1945, la ópera había alcanzado, tan solo en Italia, las 14 000 representaciones. La acción se desarrolla en la Sicilia del siglo XIX en el día de Pascua.
Se trata de una partitura bendecida por una melodía atrayente, nuevas búsquedas propias del desconocido movimiento verista, que rompe con la tradición más clásica anterior.
Sin haberse levantado aún el telón, comienza la ópera con uno de los fragmentos para solistas más famosos, la serenata conocida como La siciliana, que Turiddu dedica a Lola O Lola ch’ai di latti -«Oh, Lola, bella como los brillantes brotes de la primavera». Y el coro expresa enseguida, Gli aranci olezzano – «»El aire es dulce con la flor de azahar», que se interpreta a menudo en conciertos de coros de ópera, y un himno a la Virgen María.
Porque la obra está impregnada de amores locos, es verdad, pero también de religiosidad, lo que no impide a los habitantes de estos lugares por la tentación centelleante de la “falcata” como forma de solucionar la vida y sus problemas. En la procesión de Pascua de Resurrección, todo el pueblo entona un himno de Pascua (Regina Coeli Laetare) en el cual Santuzza y el coro entremezclan sus voces con sus plegarias. El intermezzo musical y la oración Regina Coeli Laetare son los fragmentos más famosos de esta ópera.
Santuzza, la protagonista, excomulgada por su relación extramatrimonial, que traicionará a su amante por despecho y celos, revela su sufrimiento a su improbable suegra (Voi lo sapete, o mamma – «Ahora lo sabrás», una de las piezas para solistas más destacadas del universo lírico.
Santuzza luego suplica a Turiddu que no la deje (Oh, Turiddu, rimani ancora). Entra Lola y canta su solo Fior di giaggiolo, coquetea con Turiddu y se burla de Santuzza. Entra en escena Alfio, buscando a Lola. Santuzza le cuenta la infidelidad de Lola. Alfio está furioso y jura que se vengará (Ad essi, non perdono, vendetta avrò). Y ya estamos con la columna vertebral de muchas óperas y sus libretos: la vendetta, sin la cual no encajarían los goznes de casi ninguna trama de este género italiano.
Turiddu está alegre porque está con Lola y parece que Santuzza se ha ido y no sospecha todavía ni la traición ni su muy próxima muerte. Así, canta un brindis Viva, il vino spumeggiante – «¡Viva el vino espumoso!». En uno de los momentos más dramáticos de la ópera latina, Turiddu pide a su madre que lo bendiga porque peleará a muerte con Alfio por Lola y le dice que, si algo le pasara, cuidase de Santuzza como una hija (A.: Mamma, quel vino è generoso…. Un bacio, mamma! Un altro bacio! — Addio! – «Mama, aquel vino es generoso… Un beso, ¡mamá! ¡Otro beso! – ¡Adiós!».
En el huerto, Alfio mata a Turiddu. y una mujer grita Hanno ammazzato compare Turiddu – «Han matado al compadre Turiddu«, otro éxito de público y producciones de todo tipo.
La Orquestación de Mascagni requiere una orquesta estándar formada por 2 flautas, 2 piccolos, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, tuba, timpani, percusión (triángulo, címbalos, bombo, caja, gong, campanas tubulares), arpa, órgano y cuerdas. De hecho, la de Lisboa no era clamorosa, pero sí suficiente para conseguir ese sonido tan peculiar de Mascagni, cálido, envolvente y trágico.
Los roles de Cavalleria se encuentran entre los más deseados y han sido importantes los cantantes que han llevado sus colores. En el cine, desde una película muda de 1916 acompañada por la partitura de Mascagni, dirigida por Ugo Falena, la de 1953 dirigida por Carmine Gallone, usando actores que hacían play-back con las voces de cantantes de ópera, con un joven Anthony Quinn como Alfio doblado por la voz de Tito Gobbi. (Lanzado en los Estados Unidos con el título de Fatal Desire).
La película de 1968 dirigida por Åke Falck, con Fiorenza Cossotto como Santuzza, Gianfranco Cecchele como Turiddu, Giangiacomo Guelfi como Alfio y Anna di Stasio como Lucia. (La Scala, Milán dirigida por Herbert von Karajan.). La película de 1982 dirigida por Franco Zeffirelli, usando cantantes de ópera como actores con Plácido Domingo como Turiddu, Yelena Obraztsova como Santuzza, Renato Bruson como Alfio y Fedora Barbieri como Lucia.
Ante estos antecedentes, proponer esta partitura para el Ao Largo estival de Lisboa era todo un desafío. De hecho, mientras los artistas están de vacaciones- cortas- suelen hacer estas representaciones muchas veces con pocos ensayos y elencos organizados más que en torno a las necesidades, a las posibilidades.

Sin embargo, esta vez, el maestro romano Antonio Pirolli, supo conducir con propiedad una formación en la que destacaron por momentos la percusión, el órgano y los instrumentos de viento como la flauta traversa o el clarinete. El Maestro Pirolli es el titular de la Sinfónica Portuguesa hasta julio de 2024 y posee gusto, formación (en el Conservatorio Sta. Cecilia en varias especialidades y capacidad de comunicar con instrumentistas y cantantes.)

Cátia Moreso, Santuzza, es portuguesa, una soprano dramática casi mezzosoprano en realidad muy dotada, con talento, ductilidad y excelente instrumento. Ya había firmado hace poco con la regia de Sarah Schinasi, una Madelon notable en el Andrea Chénier. Posee un fiato extenso, una técnica desarrollada y capta bien el personaje. Se vistió para la ocasión con propiedad, toda de negro, elegante, solo rompía el “noir c´est noir” un colgante precioso con piedra turquesa y pendientes en forma de abanico haciendo juego. Profundos los acentos del registro bajo y luminosos y fáciles agudos, fue la más aplaudida de la velada.

Carlos Cardoso, Turiddu, es un papel pensado para un tenor dramático. Originario de Tarouquela, en el consejo de Cinfâes, lleva ya una trayectoria, pero tiene todavía una carrera por delante. Tal vez por no abandonar su partitura, faltó una compenetración más profunda con el resto de personajes. A veces no se lo vio completamente cómodo, pero resolvió bien. Bonita voz y presencia física en el escenario.

Àngel Òdena, Alfio, es un barítono catalán (de Tarragona), con potente voz, en este caso, una participación no excesivamente larga en Cavalleria pero contundente. Chaqueta oscura y camisa blanca, abierta, muy “casual”. Se trata de un rol fundamental, bisagra con el resto de los cantantes en el desarrollo de la tragedia final. Òdena posee la plasticidad escénica y los matices para construir este carretero chulesco, siempre un paso por delante de un Turiddu enamorado pero irresponsable, al que acabará asesinando.

Vesselina Kasarova, Mamma Lucia, tiene un instrumento de contralto de coloratura, sólida, nacida en Bulgaria. Cuenta con un timbre amplio y oscuro, aterciopelado y posee un repertorio que navega desde Haendel hasta Wagner, pasando por Tchaikovski entre muchos otros compositores de todas las banderas. Cumplidora en el canto sin embargo, no fue muy acertada la elección de un vestido muy escotado para Mamma Lucia, pero su actuación hizo olvidar su compostura de rubia contundente y mujer empoderada, como se dice en la actualidad.

Ana Sofia Ventura, Lola, mezzosoprano también portuguesa, posee una bella voz y sus intervenciones como la mujer ganadora y descarada a la que aman dos hombres a la vez, fue convincente y segura.
Ana Cristina Carqueijeiro, una Voz, estuvo en su lugar y Henrique Pimentel, en los Movimientos escénicos estuvo posiblemente supeditado en el desarrollo de su labor por el espacio y la rapidez del afianzamiento de la producción.
La Orquestra Sinfónica Portuguesa en general tuvo un desempeño muy adecuado, hábilmente pilotada por Antonio Pirolli , como se escribió con anterioridad. Muy bien el Coro do Teatro Nacional de São Carlos, bien llevado por su maestro titular, Giampaolo Vessela. Sonó afinado, acompañando de forma clara la acción y su evolución. Evocador y melodioso.
El público variado, vestido de colores veraniegos, entusiasmado, parecía radiante por esta propuesta musical lisboeta que dio además en lo climatológico un respiro a sus adláteres españoles, con una temperatura asumible y primaveral, lejos de los casi cuarenta en los alrededores del centro y sur del desierto hispánico.
Al duelo de Cavalleria, ya sabido, se unió probablemente el anuncio del fallecimiento de la cantante de fado Misia, cuya desaparición se acababa de hacer pública.
Sea como sea, esta representación fue un logro y una fiesta y estuvo disponible, “in aperto” gracias a la generosidad de RTP2, una de las cadenas habituales de la radiotelevisión lusa. Que se repita esta oportunidad luminosa y que sean muchos estíos…500 noches, como escribía Joaquín Sabina.
Alicia Perris
Fotos: Bruno Simao_